Te quiero, pero...

La idea de escribir acerca de esto surgió de improviso, motivada en mis interminables conversaciones con A. en busca de respuestas para entender las complejidades de las interacciones humanas y, en particular, las del amor. Lo que viene no lo he fundamentado en lecturas, sino en mis propias reflexiones. Probablemente el tema ha sido tratado con mayor profundidad por más de algún autor por mi desconocido; pero espero que la falta de estudio sea compensada por el valor de la experiencia....
Afirmaría que en las relaciones interpersonales existen sólo dos variables fundamentales: el amor (cariño, afecto) y el poder. Las relaciones de pareja no son una excepción a esta regla, sino que muy por el contrario, presentan ambos elementos en mayor grado de intensidad que el apreciado en las restantes formas de relaciones sociales.
Poner el poder en un nivel de importancia similar al del amor en la construcción y desarrollo de las dinámicas de pareja, podría sonar "políticamente incorrecto" y provocar resistencias en algunos. Sin embargo estoy convencido de que no sólo son equivalentes en importancia, sino que completamente interdependientes, coexistiendo en un delicado equilibrio.
En el acercamiento a otro hay, sin duda, un conflicto de poder, además de los afectos involucrados. Cuando declaro, en general implícitamente, mi necesidad del otro: "yo te necesito" (enorme variedad de actos, e.g: una invitación telefónica), me vulnero y arriesgo. Es precisamente el tipo de conducta que un Nietzsche habría condenado, pues permite el fortalecimiento del otro a costa de la propia debilidad, situación no infrecuente. Sin embargo este tipo de reserva impide el desarrollo de una relación emocional profunda con otro, o la limita sólo a aquellas situaciones asimétricas y viciosas en que sólo uno (el otro) se vulnera. El riesgo de la declaración es, por supuesto, una respuesta negativa del tipo "yo no te necesito" (con variados grados de explicitud), provocando un debilitamiento del poder del primero y restringiendo el afecto. Pero el riesgo de vulnerarse es el precio que se paga por la posibilidad de obtener una gran conquista: que el segundo declare a su vez su necesidad del primero, equilibrándose así el poder, y creándose un nuevo puente, de mayor intimidad, que antes no existía. En esta situación quien primero se entrega no sale derrotado sino gratificado, y doblemente; gratificado por el nuevo vínculo creado y por el éxito de su valiente gesto de entrega.
Con esta perspectiva, ante el anhelo de acercarse a otro, responsabilizarse por el acercamiento a éste puede entenderse como un deber personal, y entregarse, un acto de valentía; en tanto que cobardía una evasión de dicha responsabilidad.
Con esta actitud el individuo gana seguridad y confianza en sí mismo, para poder crear nuevos vínculos o niveles de vínculo, y superar con mayor facilidad las frustraciones de sus derrotas (estocadas sin la armadura puesta), que al menos permiten conservar la dignidad y la paz de haber intentado el acercamiento. Es entonces cuando aprende que en el entregarse a otro hay mucho más para ganar que lo que hay para perder...
Es claro que las relaciones de pareja, y todas las demás por extensión, no suelen ser absolutamente simétricas en cuanto al nivel amor-poder que tiene cada uno respecto del otro, sin significar esto que el vínculo se rompa. En algunos casos el equilibrio se mantiene en dinámicas de franca dominación v/s sumisión; pero creo que el tipo de relación más amorosa y saludable, con mayor grado verdadera intimidad, se consigue cuando existen niveles simétricos de poder.

3 Comments:
Estimadísimo: Absolutamente de acuerdo con todos sus planteamientos.....pero me falto un punto que me encanría que desarrollara en un próximo post...que es la QUIMICA...que sería del enamoramiento y de las relaciones de pareja si no fuera por la química.Es verdad que según los estudios la química no predice nada en la duración de un vínculo...pero no por eso carece de importancia. Además sería interesante darle una segunda mirada al tema del poder...más allá de este en la dinámica de pareja sería interesante que juego tiene a la hora de la elección. En el caso de las mujeres esta probado que el poder (the power) es muy atractivo....me pregunto cómo será para los hombre....una mujer ejecutiva con un alto puesto...les es tan atractiva...o prefieren a la artista, ingenua o dueña de casa?.
Son todas interrogantes que me surgen después de la lectura de este interesante post.
Espero la segunda parte....
Bye....Ale
Ahhhh antes que me corrija...sorry por las faltas de ortografía. Soy una rebelde anti ortografía!!!!!!!
Excelente comentario. Estuve reflexionando largamente al respecto, y llegué a la siguiente idea:
Conservo la idea original de esta reduccionista y dicotómica perspectiva de los componentes de la relación, NO SOLO DE PAREJA, ojo, sino interpersonales en general.
Obvio que la química es un componente escencial en la relación de pareja, y por qué no, si definida como atracción sexual, en la relación entre hombres y mujeres en general (u homosexuales), y por qué no, si definida como una mera e inespecífica atracción por aspectos superficiales de la expresividad y físico del otro (no necesariamente sexual) en la relación entre individuos en general...
Sólo que la química me parecía de un nivel lógico distinto al de los componentes relacionales por mi definidos (afecto y poder) y necesitaba localizarla en alguna parte del modelo... Fue entonces cuando me di cuenta de que en la denominación original de los componentes que imaginé, me faltó lenguaje para darle mayor generalidad al primero. Porque claro, las palabras engañan, y los términos afecto, amor o cariño no dan cuenta de todo lo que en mi abstracción del primer término cabe. Obvio que la química entra ahí.
Por lo que, redefiniendo esta mirada (intuida antes que verbalizada), hablaría en primer término de "necesidad del otro", con alguna palabra que pueda abarcar esa generalidad (acepto sugerencias). Ahí entra la necesidad de otro en mil formas y términos subdividibles y categorizables: necesidad de afecto, contención o de descarga sexual: "te necesito para aliviar mis ansias de...amor, lujuria, cuidado, etc". El segundo término, en cambio, es de una naturaleza, me parece, algo distinta (el poder): "no te necesito cómo tu a mi, se impondrán mis condiciones si quieres mi cercanía"... tiene que ver con una restricción del afecto en pos de la dominación, el control: "vamos rayando la cancha; yo mando, tu cedes..." o al revés: "tu mandas, está bien, pero no me dejes..." (sumisión). Evidentemente lo último está conectado con el narcicismo, como dice la Ch.; pero eso sería ponerle más términos al asunto y complejizarlo más allá de las pretenciones originales del post... Es en la interacción que se establecen los límites de la jerarquía y el poder; nunca quise referirme, en principio, al rol de poder que ostenta el o la gerenta de una empresa... que no necesariamente refleja la verdadera naturaleza de las interacciones que establece. El tipo de poder al que me refiero puede estar bastante bien representado en una dueña de casa escoba en mano!.
Lo interesante del asunto, si es que no quedó claro en el post, es que me parece que ambos elementos se dan de maneras gruesas o sutiles en toda relación interpersonal, manifestándose a veces en detalles mínimos, que muchas veces pasan desapercibidos para los propios protagonistas.
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